23 DE SEPTIEMBRE
DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA EXPLOTACIÓN SEXUAL Y LA TRATA DE PERSONAS

Un 23 de septiembre, en 1913, se aprobó la primera norma contra la prostitución infantil. Esta es la referencia histórica que tomó la Conferencia de Mujeres junto con la Conferencia contra el Tráfico de Personas en 1999 para instaurar tal día como hoy, como una jornada de conmemoración y reflexión.

En este ámbito podemos observar como patriarcado y capitalismo se complementan a la perfección en prejuicio, por supuesto, de mujeres que, además, se encuentran en situación de vulnerabilidad.  Porque la prostitución, aunque histórica y socialmente se haya normalizado, es violencia de género[1].

En este marco se organizó este mismo lunes un seminario internacional para trabajar esta problemática de la mano de supervivientes de explotación sexual, y feministas referentes como son Graciela Collantes, Claudia Quintero y Amelia Tiganus. El objetivo es que se promulgue una ley abolicionista del sistema prostituyente, pues la lucha es contra de la mercantilización del cuerpo de la mujer, donde, a su vez, muchas variables entran en juego.

Por ello, las ponentes plantearon durante su exposición una serie de propuestas, las cuales fueron votadas por las personas asistentes en streaming. Todas las que se presentaron tenían gran valor, por su trasfondo y la diferente perspectiva que otorgaba cada una de las ponentes. Entre las propuestas más votadas se encontraban: la realización de campañas de sensibilización y prevención, es una propuesta que se repite. La formación previa es imprescindible para llevar a cabo cambios estructurales en una sociedad, y más aún en el caso de la explotación sexual, en la que no se ha reparado por encontrarse naturalizada en la cultura.

Tiganus, desde su perspectiva, se centra en la desincentivación de la demanda. Esto se traduce en campañas en los medios de comunicación, que han trabajado en la normalización del sistema prostituyente[2], así como en el sistema educativo, centrándose, principalmente en la educación sexo-afectiva. En este último punto se propuso la restricción de la pornografía[3], pues es la que educa a la juventud.

Por otro lado, la implementación de programas socioeconómicos. Debemos poner a las víctimas en el centro para tratar de reparar mediante un proceso integral de reinserción[4], y así resolver este entramado de problemas que se superponen. Señalaba Collantes en su exposición, que cuántos menos recursos tiene una persona, más se justifican las situaciones de violencia hacia ella, y así se puede constatar.  Es por ello que no se pueden poner tiritas, se necesita una actuación estratégica y transversal, pero, como bien apuntaba la ponente, sin paternalismos ni revictimismos.

Por último, se reclama la penalización tanto de la voluntad y compra, como del proxenetismo. El Código Penal no puede seguir responsabilizando a las víctimas para que el Estado mueva ficha, debe haber leyes que ataquen a la raíz del problema, y que se deje de invisibilizar el problema[5].

Se necesita una ley abolicionista del sistema prostituyente y de atención integral a personas prostituidas, pues es actualmente en España una actividad alegal, donde no existe un marco jurídico determinado que habilite la intervención efectiva de la Administración Pública, lo que provoca, a su vez, un encubrimiento institucional de la trata y la explotación sexual de mujeres.

Porque de otra manera, “LEGISLAR LA PROSTITUCIÓN ES LEGITIMAR LA EXPLOTACIÓN”.

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[1] Así se enuncia en el art. 3.6 de la Ley 7/2012, de 23 de noviembre, integral contra la violencia sobre la mujer en el ámbito de la Comunitat Valenciana, pues una de las manifestaciones de la violencia de género es la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual.

[2] Las mujeres son tratadas como meros objetos sexuales en películas, series y spots publicitarios –un ínfimo porcentaje supera el test de Bechdel-; sin embargo, cuándo existe prostitución las mujeres sí lo hacen por elección.

[3] La pornografía es el marketing de la prostitución y del sistema de explotación, que se convierte en la cultura del ocio sexual.

[4] Quintero, durante su ponencia, habla de proyectos de sanación para un trauma complejo, que requiere de acompañamiento y fortalecimiento.

[5] Como señala Tiganus, se siguen poniendo a disposición de los hombres los lugares físicos y las licencias para llevar a cabo la explotación y la trata

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Carla Borrás Ferragud, consultora de igualdad en EQUÀLITAT, participació i igualtat