Las mujeres seguimos siendo víctimas de violencia física, sexual y psicológica por el único hecho de ser mujeres, y así lo reflejan los datos.

Datos estadísticos

La Delegación de Gobierno elabora cada 4 años la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer con el objetivo de conocer cuál es la prevalencia de la violencia de género en nuestro país. A lo largo del informe encontramos diferentes datos estadísticos que nos señalan que es un problema latente en la sociedad, que se plasma en diferentes ámbitos. Nos centraremos concretamente en la violencia física, sexual, emocional o miedo –en adelante VFSEM-.

En primer lugar, la violencia física es la más visible y el 1’6% de las mujeres entrevistadas reconocen haberla sufrido por parte de su pareja actual. No obstante, el porcentaje aumenta hasta el 17,1% cuando se refieren a parejas pasadas.

Respecto a la violencia sexual, un 8’9% de mujeres afirman haber sido víctimas de abusos, agresiones y/o violaciones. El informe enuncia “el porcentaje de mujeres de 16 o más años violadas en algún momento de sus vidas por parejas o exparejas es del 7,5% (1.535.941 mujeres)”, es decir, han sido forzadas a mantener relaciones sexuales, con vicio en el consentimiento, ya sea por encontrarse bajo los efectos del alcohol, miedo o intimidación.

La violencia psicológica, pese a ser invisible a los ojos de la sociedad, es reconocida por más del 20% de las mujeres, víctimas de insultos y humillaciones, así como ser cuestionadas o controladas por su pareja. Asimismo, aumenta significativamente en caso de existir un descendiente entre ambos, pues un 8’4% de entrevistas reconocen que han sido amenazas con arrebatarles a sus hijas/os. En este punto entra en juego el miedo, ya que el 75,4% de mujeres asegura haber tenido miedo algunas veces a su pareja actual.

Consecuencias psicológicas de la violencia física, sexual o emocional 

El 74,7% de mujeres víctimas de VFSEM, por parte de exparejas, coindicen en que estos episodios les han acarreado numerosas consecuencias; cifra que asciende hasta el 81% si nos centramos en violencia física o sexual. Estas secuelas se traducen en la pérdida de autoestima, ansiedad, desesperación y problemas de sueño o alimentación.

Al mismo tiempo, 1 de cada 4 mujeres que han sufrido VFSEM de una pareja o expareja, ha consumido alguna sustancia, ya sean medicamentos, alcohol o drogas, para afrontar la situación. La Macroencuesta de 2019 introduce una pregunta en relación al suicidio[1], y el 25’5% de mujeres víctimas de violencia física o sexual afirma haber deseado acabar con su vida.

Conclusiones

Una de las pruebas más notables de que la violencia de género se encuentra inmersa en nuestra cotidianidad es que todos los datos expuestos nos muestran el cambio significativo que se da en las respuestas de aquellas mujeres que han sido víctimas de VFSEM, según si se refieren a la pareja actual o a la pasada, pues el porcentaje es hasta 10 veces mayor en el último caso. Por ello, para leer estos datos hay que contar con perspectiva para analizarlos desde la empatía con la víctima y entender el proceso que debe recorrer la misma.

Por otro lado, el 75% de las mujeres que han sufrido violencia física reconocen que ésta ha sido continuada en el tiempo; como en casos de violencia sexual, que el 88,8% afirman que ha ocurrido en más de una ocasión; o la violencia psicológica, donde el patrón se repite en el 91,3% de los casos.

Estos altísimos porcentajes nos deben concienciar de las consecuencias que supone cualquier tipo de violencia contra la mujer por el hecho de serlo. Y, aunque el 100% de las violencias sufridas fuesen puntuales u ocasionales, nada justificaría dicha violencia. No obstante saber que es así agrava todavía más la situación, por las secuelas psicosociales que provoca en la víctima, así como la huella de normalidad que deja en la sociedad.

Por último, pero no menos importante, tal y como se observa al final de cada apartado del informe, las variables sociodemográficas no tienen relevancia alguna y se mantienen bastante semejantes en función de la edad, nivel de formación, país de nacimiento, etc. Porque esto no va de generaciones, clase social o nacionalidad, esto es consecuencia directa del sistema patriarcal en el que las mujeres ocupamos una posición inferior, de sumisión frente a los privilegios del hombre, que se plasma cada día en todos y cada uno de los ámbitos de nos rodean, desde la educación, pasando por la familia, y los medios de comunicación.

¡SI TOCAN A UNA NOS TOCAN A TODAS!

[1] “En algunas circunstancias difíciles, hay personas que piensan que su vida no tiene sentido y desean acabar con ella. ¿Ha pensado Ud. alguna vez en terminar con su vida?”

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Carla Borrás Ferragud
Consultora de igualdad en EQUÀLITAT